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Finanzas en la playa

Llegan los meses más calurosos del año y con ellos cambia el ritmo de trabajo dando paso a un control menos exhaustivo de las horas dedicadas a las relaciones profesionales. Dos son las actitudes: por un lado, la de aquéllos que incrementan sus actividades ociosas. En segundo lugar, y como consecuencia de la primera, la de aquellos que, puesto que cuentan con menos oportunidades de avanzar temas al ritmo habitual, recuperan en su actividad profesional aspectos que durante el año quedan relegados a un rincón.
Este es el caso de la formación como entretenimiento o profesionalmente. Si además somos capaces de asociar ambas perspectivas, la del ocio y la del negocio, algo hace click en nuestras cabezas con lo que obtenemos los mejores beneficios a corto y largo plazo. A nivel personal y profesional. Al fin y al cabo la diferencia entre gastar e invertir, en cualquier aspecto de nuestras vidas, gira en torno al propósito con el que destinamos nuestros recursos con el fin de obtener una rentabilidad futura.


Si me formo en finanzas y ayudo a mi comunidad de vecinos a obtener mejores condiciones en los préstamos para reformar el edificio, a mis sobrinos a invertir en acciones de calidad a largo plazo, a mi hermana a ahorrar para las vacaciones o a un amigo a vender por un precio justo un inmueble o un garaje, no estaré obteniendo dinero directamente sino que estaré obteniendo algo mejor, estar rodeado de gente con una creciente calidad de vida. Si esto lo aplicamos a nosotros mismos, además estaremos obteniendo la posibilidad de reducir gastos y aumentar rentas con lo que dispondremos de mayores recursos para destinar a nuestros intereses.
Para ello, la mejor manera de gestionar nuestro patrimonio y el de nuestra familia es asociar nuestro tiempo libre al aprendizaje y nuestra actividad profesional a nuestros momentos de placer. Leer en la piscina para reducir los riesgos con una conducta adecuada y conseguir un trabajo con el que aumentar nuestra calidad de vida, seguramente sean dos de las mejores decisiones que podamos tomar porque no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. Para ello es importante no olvidar que la primera ley debe de ser no perder nivel adquisitivo, evitando pérdidas en nuestro patrimonio. Y sólo una vez eso está asegurado es cuando nos preocuparemos de alcanzar el máximo de rentabilidades posibles.
Durante estos meses, son muchos los asesores de EAFIs, analistas e inversores particulares que actualizan sus conocimientos con libros con los que pretenden incrementar su sabiduría financiera. Unos para dar cada día un mejor servicio a su cliente, todos para aprender a tomar buenas decisiones y entender sus finanzas personales. No olvidemos, como muchas veces se hace, que el inversor particular es también un profesional, simplemente que su sector de trabajo no tiene por qué estar ligado a las finanzas.
Y si aún no nos hemos animado es muy fácil dar el paso y empezar a cambiar nuestra vida. Hay quien cuenta con unos padres que le han dirigido académicamente, hay quien lo ha visto en casa a partir de la gestión de la empresa que fundó el abuelo o bien quien a partir de encontrar a su pareja entró en contacto con las finanzas. La mejor noticia es que cada día más gente se acerca sin tener precedentes familiares y sin más razones que el interés por sacar el máximo partido de las cartas que le ha dado la vida. Con ellas se pueden ganar partidas si somos persistentes y aprovechamos entre ola y ola para alimentar nuestra cabeza con herramientas que nos ayuden a cumplir nuestro sueño de libertad financiera.

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