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El pequeño artículo que genera riqueza

Hasta la crisis de 2008, España era el país del mundo con más sucursales bancarias por habitante según Funcas; y hasta finales de 2015 el sector lo componían 18 bancos, 15 cajas reconvertidas a bancos y 10 cooperativas de crédito. Un total de 43 entidades que con una red de 31.237 oficinas empleaba a 197.000 trabajadores, según datos de la federación de Servicios, Movilidad y Consumo de UGT. A esto hay que añadir que cerca del 90% del patrimonio financiero está en banca frente al 10% restante repartido fundamentalmente entre gestoras independientes. Todo esto nos da una idea de hasta qué punto la visión de la banca es la que impera en la prensa, telediarios y conversaciones de café. Y surge una pregunta: ¿lo que es bueno para el banco es bueno para el inversor particular? Que cada cual responda según su experiencia personal.
Por esta razón cuando una persona quiere dar el paso para convertirse en inversor debe recorrer una travesía del desierto que le pone a prueba y le desincentiva en la mayoría de los casos. Afortunadamente, cada día más profesionales de la gestión financiera a lo largo de las últimas décadas ofrecen herramientas que nos permiten superar el relativismo a base de mucha lectura, estudio y trabajo. Y la mejor noticia es que generación tras generación se ha consolidado la figura del asesor y del gestor independiente que realice esas funciones diariamente de manera profesional. Para ello la inversión en valor, aquella basada en el análisis de los fundamentales de las empresas cotizadas, es uno de los aspectos que de una manera más sencilla nos permitirá  separar el polvo de la paja.
Cuando hablamos de la selección de activos una primera consideración necesaria es que el inversor en valor no debe buscar ser un contable. Los asesores o gestores en valor estudiamos la contabilidad del balance y la cuenta de resultados pero nuestro objetivo como inversores particulares debe ser simplemente entender a nuestro asesor o gestor independiente para interpretar correctamente la información. Estos datos además vienen apoyados por un estudio mucho más amplio para entender el modelo de negocio que se está estudiando y en el que se incluye desde la lectura de la prensa financiera diaria hasta llegar a hablar directamente con la empresa en cuestión para confrontar con su departamento de relación con inversores las principales dudas y cuestiones en las que deseamos profundizar en mayor medida.
El análisis de empresas se puede hacer desde lo que se llama el análisis top-down (de arriba a abajo), que va de los aspectos macroeconómicos internacionales más generales hasta el análisis de la propia empresa; o desde el análisis bottom-up (de abajo a arriba) que prioriza la atención sobre la empresa que quieres estudiar para ir ampliando el espectro de información hacia el mercado donde concurre, y sin llegar en muchas ocasiones a profundizar realmente en los aspectos macro por considerarlos difíciles de predecir.
Y es que estamos acostumbrados, en un país bancarizado hasta las cejas, a que en demasiados casos las recomendaciones lleguen por impulsos emocionales, motivadas por el pánico y la euforia que mueven a los que quieren hacerse ricos rápido; la ausencia de disciplina y de una política de inversión definida propia de las personas que se aburren invirtiendo; con una ausencia de criterio que viene acompañada del miedo a no seguir el consenso; cortoplacista y con una falta de independencia, dependencia de grandes grupos de la banca, que resulta en costosas comisiones y rotación de la cartera de forma excesiva.
Por supuesto, es bueno aprender de los errores aunque si bien es cierto es preferible aprender de los errores de los demás por eso nunca está de más recordar que en la mayoría de casos cuando hablamos de bonos, acciones o fondos de inversión hablamos de empresas. Y la mejor manera de entender dónde pongo mi dinero es hablando con profesionales que entiendan el modelo de negocio de esas empresas. 
Como escribió Pat Dorsey en su libro 'El pequeño libro que genera riqueza', se trata mucha veces de encontrar en esas empresas los fosos económicos que protegen la empresa de su competencia al igual que los fosos de agua protegen los castillos de los ataques de sus enemigos y sin olvidar que hasta la mejor empresa del mundo puede ser un mala inversión si se compra a un mal precio. O dicho de otra manera, cuando invertimos debemos tener presente el margen de seguridad que aconseja Benjamin Graham porque es tan importante como ponerse el cinturón cuando conducimos.

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